domingo, 8 de diciembre de 2013

Nueva Suyapa


A sus 14 años, Cristian Steven Chávez Amador enfrenta la extrema pobreza y la orfandad en una de las zonas más difíciles de Tegucigalpa, sosteniendo a su familia a fuerza de trabajo y perseverancia.

TEGUCIGALPA, Honduras.— Su vida ha transcurrido en medio de la pobreza extrema, pero tras la muerte de su madre, Cristian quedó a cargo del sustento de su hogar. Vive en Nueva Suyapa, una de las comunidades más vulnerables y violentas de Tegucigalpa. A pesar de su corta edad, sus prioridades están claras: trabajar, estudiar y garantizar que sus dos hermanos menores, Kevin Orlando (10 años) y Emilson Josué (7 años), continúen asistiendo a la escuela.

Desde que perdió a su madre en junio, Cristian cambió los juegos infantiles por la elaboración y venta de tortillas. En su rústica cocina construida con pedazos de madera y láminas de zinc, atiza el fogón de piedra y lodo para cocer diariamente unas 900 tortillas. Esta jornada le genera un ingreso bruto de 360 lempiras, pero tras restar los costos de maíz, leña y molienda, le quedan apenas 200 lempiras netas de ganancia al día.

Un oficio heredado y una pesada carga

El oficio de hacer tortillas lo heredó de su madre, Lourdes Yamileth Chávez Amador, a quien ayudaba desde los siete años. Cuando ella enfermó, Cristian asumió más responsabilidades en la venta. Tras su fallecimiento el 17 de junio, el joven no solo heredó el sustento familiar, sino también las deudas que su madre adquirió para intentar pagar sus medicinas.

«Cuando murió mi madre todo cambió. Mi vida ha sido dolorosa, pero ya he encontrado la resignación. Trabajo haciendo tortillas porque en el futuro me veo como un hombre de bien. No pienso en vicios; quiero seguir estudiando y que mis hermanos lo hagan también», relata el joven.

Educación contra la adversidad

Convencido de que la educación es la única vía para salir de la pobreza, Cristian se matriculó en un centro de educación a distancia donde cursa con éxito el primer año de secundaria, asistiendo a clases los sábados de 1:00 a 4:30 p.m. Sus hermanos asisten a la escuela primaria de lunes a viernes.

Las condiciones en las que viven son precarias: comparten una vivienda estrecha junto a nueve parientes más. A este panorama se suma el golpe de una estafa: Cristian había logrado ahorrar 1,800 lempiras con la meta de construir un cuarto propio para él y sus hermanos, pero un estafador que prometió ayuda a nombre de la falsa organización «Manos Solidarias» le robó sus ahorros junto a los de otras 34 personas.

El sueño de la barbería

A pesar de las dificultades, el joven ya aprendió el oficio de barbería y sueña con establecer su propia peluquería para dejar la venta de tortillas. Sin embargo, carece del capital para adquirir las herramientas básicas: silla, espejo, máquina de corte, secadora, tijeras, peines y rociador.

Con el apoyo moral de sus tías Olga y Tata, y el aprecio de su comunidad, Cristian se mantiene firme. Su meta principal es enseñar a trabajar a sus hermanos menores para protegerlos de los riesgos de su entorno y asegurarles un futuro digno.

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