sábado, 23 de noviembre de 2013

Experience


Published on Jul 27, 2013

We depend on experiences, on challenges, to keep us awake. If there were no conflicts within ourselves, no changes, no disturbances, we would all be fast asleep. So challenges are necessary for most of us; we think that without them our minds will become stupid and heavy, and therefore we depend on a challenge, an experience, to give us more excitement, more intensity, to make our minds sharper. But in fact this dependence on challenges and experiences to keep us awake, only makes our minds duller.

Jiddu Krishnamurti

La paradoja del estímulo: ¿nos despiertan los retos o nos adormecen?

«Dependemos de experiencias, de retos, para mantenernos despiertos. Si no hubiera conflictos dentro de nosotros, ni cambios, ni perturbaciones, todos estaríamos profundamente dormidos. Por eso los retos son necesarios para la mayoría; pensamos que sin ellos la mente se volvería estúpida y pesada, y por eso dependemos de un reto, de una experiencia, para darnos más emoción, más intensidad, para aguzar la mente. Pero en realidad esta dependencia de retos y experiencias para mantenernos despiertos solo vuelve la mente más roma.»

Tesis a examinar: la dependencia de estímulos externos (retos, experiencias, conflictos) como condición para «estar despiertos» no agudiza la mente, sino que la embota.

1. La mente no despierta en el vacío

Como filósofo de la vida, concedo la primera mitad. La conciencia vigil no es un estado que se sostenga solo: necesita fricción. Un organismo sin perturbación, sin resistencia, sin nada que lo contraríe, se hunde en la homeostasis, y la homeostasis prolongada es una forma elegante de dormir. Nietzsche lo dijo a su manera: sin caos interior no hay danza; sin tensión no hay arco. La vida se despierta en el encuentro con lo que se le opone. Hasta aquí, la afirmación es sólida.

También es sólida su descripción fenomenológica: la mayoría de nosotros vivimos buscando el próximo estímulo —el proyecto, la crisis, el drama, la novedad— porque creemos que, sin él, la mente se vuelve «pesada». Y es cierto que la mente se vuelve pesada. Pero conviene preguntar por qué se vuelve pesada.

2. Confundir el despertar con la agitación

Aquí la afirmación se vuelve aguda y, en mi lectura, en buena medida verdadera. Hay que distinguir dos cosas que la frase final identifica correctamente: estar despierto y estar estimulado. El estímulo produce agitación; la agitación se confunde fácilmente con lucidez. Pero la agitación es reactiva: la mente que necesita un reto para activarse es una mente que, por sí misma, permanece apagada y solo se enciende cuando algo la sacude desde fuera.

Y ahí está el mecanismo del embotamiento: quien depende del estímulo para despertar, cultiva la incapacidad de despertar sin él. Cada reto consumido exige el siguiente con mayor intensidad —la lógica de la tolerancia—, y la mente, lejos de aguzarse, se vuelve adicta a la fricción externa. El resultado no es una mente más fina, sino una mente más dependiente: confunde el ruido del conflicto con la señal de la atención. En términos de la vida práctica: el que solo piensa cuando hay problema, piensa cada vez peor cuando no lo hay.

3. El embotamiento no viene del reto, sino de la dependencia

Debo matizar, sin embargo, el alcance de la conclusión. La frase dice que «esta dependencia... vuelve la mente más roma». Estoy de acuerdo con el sujeto: la dependencia. Pero conviene no confundir la dependencia con el reto mismo. El reto bien asumido —el problema que se aborda con atención sostenida, no con reactividad— no embota: disciplina. Lo que embota es la búsqueda del reto como excitante, la experiencia consumida por su intensidad y no por su contenido. Un mismo desafío puede aguzar o adormecer según se habite desde la atención o desde la avidez de estímulo. La afirmación acierta en el diagnóstico de la dependencia, pero generaliza demasiado si atribuye el embotamiento al reto en cuanto tal.

Hay además un riesgo en la conclusión: si se lee como invitación a eliminar todo conflicto y toda perturbación, se cae en el sueño que la propia frase denuncia. La mente no despierta por ausencia de retos, sino por una relación distinta con ellos: dejar de necesitarlos para estar despierto y empezar a habitarlos desde una atención que no depende de la sacudida.

4. Síntesis

La afirmación es verdadera en su núcleo y precisa en su blanco: la dependencia del estímulo para despertar es una forma sutil de somnolencia, porque delega en lo externo la función de la atención. Es falsa solo si se lee como condena del reto o de la experiencia. El reto no es el problema; el problema es la mente que solo se enciende cuando algo la golpea.

Formulado con más precisión: no necesitamos retos para estar despiertos, pero sí necesitamos aprender a estar despiertos sin ellos; y mientras no lo aprendamos, los retos nos servirán de muleta y, como toda muleta, nos impedirán ejercitar el músculo que decimos entrenar. Ahí la frase original acierta de lleno: la dependencia del estímulo para despertar es la manera más elegante de seguir dormido con los ojos abiertos.

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